ESCALA PARA UNA MEDALLA (MI)

LO QUE SIENTE UN PADRE “OLIVISTA”

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El próximo 27 de junio el Ayuntamiento de Salteras hará entrega de la Medalla de Oro de la localidad a la Sociedad Filarmónica Nuestra Señora de la Oliva. Concesión ésta por “la contínua labor formativa, educativa, social y cultural que desde sus inicios ha realizado en Salteras, en pos de la promoción y difusión de la música y la cultura musical”.

                El que les habla, que no es de Salteras, ni componente de la Oliva, y ni tan siquiera músico, pero que tiene el orgullo de ser padre de uno de sus miembros, por muy incoherente que parezca, recibe esta distinción como algo suyo. Y les voy a explicar por qué. Intentaré ser breve.

                Mi hija llega a la Banda de la Oliva en 2010; era una niña de doce años que, tras sus cuatro años de Elemental, acababa de superar las pruebas de acceso y conseguido plaza para 1º de Grado Medio con flauta travesera en el Conservatorio Francisco Guerrero de Sevilla. Por sus inquietudes, hablamos con componentes de la Oliva y desde nuestra primera llamada a su primer ensayo con la Banda Juvenil no pasaron ni cinco días. Entre ensayos y actuaciones van pasando los primeros tres años; pero no es sólo eso, qué fácil sería entonces, o qué … insípido -no sé cómo calificarlo-; han sido convivencias, se han ido creando y afianzando lazos de amistad, de compañerismo, se han compartido desilusiones, se han superado obstáculos, …, y se ha crecido como músico y como persona.

                Recuerdo su, “nuestro”, primer sábado de ensayo. Tengo que decir que uno es cofrade desde que tiene uso de razón. También es cierto que lo “mamó” en su casa desde pequeñito, gracias a su padre: antiguo costalero de la cuadrilla de los “ratones”, contraguía con Salvador Dorado “el penitente”, y por último capataz auxiliar de la cuadrilla de Manolo SantiagoIMG-20140614-WA0015-border y su hijo Antonio, ¿les parece malo el curriculum?. Pues bien, como les decía, uno que fue costalero de Sevilla, ahora retirado por razones que no vienen al caso, siempre ha pertenecido a las cuadrillas de Cristo, por tanto, más acostumbrado a cornetas y tambores y agrupaciones musicales. Pero, como digo, aquel primer ensayo a María le pusieron por delante la partitura de la marcha “Amarguras” de Font de Anta. Uno que es de “lágrima fácil” no hizo falta ni que sonaran diez compases; ya se pueden imaginar ustedes lo que ocurrió. Pero quiero que se pongan en situación: su hija está empezando en el duro mundo de la música, está sentada delante de un atril del salón de ensayos de la Banda de la Oliva, está tocando “Amarguras” ya como una más de la Banda Juvenil, …, y suena … ¡cómo suena!. Solamente por eso volvería a ponerme el costal, igualar en cualquier Palio, y pasear a la Virgen, entre lágrimas, mientras suena la Banda de la Oliva de Salteras.

                Y llega mayo de 2013. Cuando todavía queda la resaca de la Semana Santa, María se suma a un proyecto que cumple un siglo de vida: la Banda de la Oliva. Una formación que comienza a preparar el repertorio de lo que será el espléndido Concierto del Centenario. Noches de martes y jueves, compaginados con las mañanas de sábado, desde el Cerro del Águila a Salteras para asistir a los ensayos. Hija y padre, padre e hija. Sin faltar ni a una cita siquiera. Habrá más de uno que no lo entienda; hasta amigos, e incluso familiares; ¿qué hace un padre en un ensayo?. Uno mismo a veces llega a preguntárselo. ¡Pero hay tantas preguntas que no tienen respuestas! … Si es a medio día, cuando la hija sale de sus clases y el padre de su “primera parte” de la jornada laboral y coinciden en casa para almorzar juntos, la conversación suele ser:

– “Hija, María, mi alma, ¿hoy hay ensayo?”.

– “No lo sé, no he visto el whatsapp del grupo todavía”.

– “Anda, míralo, y dime si hay para cuadrarme la tarde”.

– “Sí hay, papá. Dice que esta semana se ensaya martes y jueves, que quedan pocos ensayos y que se intente asistir”.

– “Bueno, pues adelanta lo que tengas del instituto y del conservatorio que cenamos nada más que llegue y nos vamos”.

                Y nos vamos muy a gusto, con la ilusion de disfrutar, sí, disfrutar, gozar, de un ensayo más. Hija y padre, padre e hija.

                Y como todo esfuerzo tiene su recompensa, el 30 de junio de 2013, siguiendo los pasos de su abuelo  para  forjarse  un  magnífico  curriculum,  María  debuta  con  su  Banda,  con  la  Sociedad Filarmónica Nuestra Señora de la Oliva de Salteras, en su Concierto del Centenario. ¿A quién no le gustaría tener un mejor estreno?. Quiero imaginar a aquellos treinta y un músicos, primitivos integrantes de la Sociedad, que en 1913 tocaron por vez primera ante un público. Posiblemente sintieran las mismas emociones que los actuales músicos en este Concierto, …, o tal vez no; porque hoy sobre ellos recae la responsabilidad de cien años de historia y el compromiso de comenzar otra nueva centuria, que ya está en marcha. Son muchos los que han originado la concesión de esta Medalla de Oro, y todos, cada uno de ellos, como artífices de este mérito son legítimos beneficiarios de tan merecido premio.

                Como padre podría hablar de tantas otras vivencias; podría contarles lo que siente el padre de un músico de la Oliva cuando ayuda a su hija a vestirse por primera vez con el uniforme de la Banda -por primera o por enésima vez, porque ese momento se convierte ya en ritual a semejanza de cuando un hijo se viste con el hábito de nazareno-; podría intentar explicarles el sonido que le llega al padre de un músico de la Oliva cuando escucha a la Banda en un concierto en una iglesia, o cuando  la  disfruta  en  la  calle  junto a  los  metales o tras los oboes y las flautas; podría enumerarles cuántas  veces  el  padre  de  un  músico de la Oliva ha oído y se ha dejado emocionar con la reproducción del disco en el que ha participado su hija, primera grabación de su vida; podría decirles lo orgulloso que se siente el padre de un músico de la Oliva porque su hija ya ha creado precedente, y así su hermano pertenece ya a la cuerda de percusión de la Banda Juvenil, consolidando la continuidad de la Banda; podría relatarles cómo el padre de un músico de la Oliva goza, se recrea, se divierte, saborea, cada momento en el que acompaña, no a su hija en concreto, sino a la Banda al completo; ¡podría hablarles de tantas otras vivencias como padre de un músico de la Oliva! …

                Este padre comenzó diciendo que la distinción que va a recibir en los próximos días la Banda, la consideraba como algo suyo. Y digo bien: “la Banda”, sin más calificativos, sin más denominaciones, sin más definiciones. Cuando uno habla de su familia o de algún miembro de ella no lo nombra por sus apellidos; no habla de mi hermano Martínez, ni de mi tía Delgado, ni de mi prima Hernández, ni de mi sobrino Segura, …, los nombra por su nombre, y todos saben a quién nos estamos refiriendo. Y aunque uno pueda ser como un primo lejano de la Banda, se siente miembro de esta gran familia, y la apoya, y la alaba, y la defiende, y se enorgullece de y con sus logros. Por eso una vez más Felicidades a nuestra Banda. Y por eso hoy, más que nunca, me siento y me declaro públicamente “olivista”.

Manuel Antonio Cano

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Un pensamiento en “ESCALA PARA UNA MEDALLA (MI)

  1. Es para leer tu articulo una y mil veces, Manuel Antonio.
    Por una parte dejas entrever la pasión de padre y por otra la pasión de “olivista”.
    Costalero, amigo, olivista, no tengo el placer de conocerte pero sobre tu articulo he de quitarme el sombrero : SIMPLEMENTE MAGISTRAL. Gracias.

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